Baldosas movedizas, pozos, hierros que sobresalen, escombros en el suelo... Caminar por las veredas en San Miguel de Tucumán es como atravesar un campo minado. Sí, hay algunas que están en muy buen estado, y hay que decirlo; pero hay otras en las que transitar es un riesgo: y pueden haber accidentes menores (y no tanto) como consecuencia de la dejadez de estas porciones del espacio público.

Marta Villafañe, por ejemplo, tuvo un tropezón en la esquina de San Martín y Virgen de la Merced. Hasta ahí, todo bien. El problema es que el golpe le produjo una quebradura; y tuvo que ser trasladada en ambulancia. “Estoy atravesando un momento difícil, doloroso, afrontando gastos por la cirugía, perdiendo días de trabajo”, expresó en una carta a LA GACETA. Un simple tropezón puede complicarlo todo.

Pero no sólo hay riesgos en este caminar por las veredas. También hay complicaciones. “En todas las calles es igual; las veredas están destruidas”, dijo Cristian Lazarte, que camina con su hijo en el coche. “No queda otra; tenés que salir con el coche igual, y si no sabés sobrellevarlo, lo destruís”, advierte. Lo mismo les sucede a Sol González y a Daniel Camacho cuando salen por la ciudad con su hija. “Acabamos de frenar de golpe porque el cochecito se trabó en una baldosa caída”, contó ella y aseguró: “en todas las veredas tenemos que levantarlo. Pero no podemos salir sin el coche; preferimos alzarlo en las veredas rotas antes de no traerlo”.

Si salís con coche o con carrito para hacer compras; si andás en silla de rueda o con bastón; o si tenés alguna dificultad para caminar, algunas veredas son un problema.

Obligaciones y derechos

La primera pregunta que surge es ¿de quién es la responsabilidad? . Bueno. La respuesta es clara: a los frentistas. Según explicó a LA GACETA Pablo Lazarte, director de Catastro Municipal, una ordenanza “dispone que el propietario de las viviendas tienen la obligación de mantener la fachada y la vereda en condiciones -aseguró-; la mayoría de las veredas que están en mal estado ya están notificadas y con actas de infracción”

Aún así, la Municipalidad de San Miguel de Tucumán ha hecho obras en el microcentro para mejorar las veredas, según indicó a este medio Alfredo “Fredy” Toscano, secretario municipal de Obras Públicas. “Hay una gran inversión para tratar de tener las veredas en condiciones, ante las faltas de acción del vecino/propietario -destacó-; hemos tenido que intervenir en, por ejemplo, esquinas importantes de entidades financieras, del correo y de bares”.

Toscano admitió que no es muy clara la razón por la que hay tanto desinterés en el arreglo de veredas, y reflexionó que en los barrios -fuera del centro- hay más apego y más cuidado por esta porción del espacio público, mientras que en el microcentro eso no sucede. “Se producen a diario las denuncias; y hay gente que se queja de que ha tenido accidentes menores por el mal estado -recalcó-; pero, por ordenanza, el arreglo es responsabilidad del frentista”.

Hay casos en los que el arreglo de la vereda sí corre por cuenta de la Municipalidad o por cuenta de un tercero. “Quien la rompe, debe repararla; cuando lo hace una empresa, se soluciona, pero el problema viene cuando el que rompe es el privado. Rompen la calle para revisar una conexión o lo que sea, con un plomero particular, y la dejan así”. comentó.

Consecuencias

Lo que le sucedió a Marta puede pasarle a cualquiera. Por eso hay quienes incluso ya buscan alternativas para no correr peligro. Sara Lía utiliza bastón para movilizarse y aseguró que ha aprendido a mirar para otro lado y no hacerse problema por aquello que no puede solucionar. “Entonces, elijo caminar por las calles que están bien”, comentó.

Luego de la caída, Marta fue operada y estuvo un mes en cama. “Me dieron el alta bajo mi responsabilidad, porque pierdo mucho dinero en el trabajo -dijo a LA GACETA-; el doctor me ha indicado un mes más de reposo, pero como ya puedo caminar, vuelvo a trabajar el próximo lunes”. Lo que pasa es que, a partir de la ha caída, ha tenido muchos gastos y necesita recuperarse financieramente: férula, consultas médicas, honorarios, medicamentos, gastos de sanatorio y acompañante, todo fue abonado por ella.

Eso se habría evitado si la calle hubiera estado en condiciones. “Me dijo el doctor que si me hubiese caído en una superficie plana, no me rompía la rodilla en tres -explicó-; me enganché la punta de la zapatilla con un borde de cemento y caí sobre el pavimento, que está lleno de huecos”.

Traumatismo es igual a consulta

Rubén Solórzano, jefe del servicio de traumatología del hospital Padilla, indicó a LA GACETA que sí se reciben consultas por caídas en la calle, pero que el mayor volumen de accidentados son motociclistas y automovilistas. En consultorio sí es más frecuente ver esguinces o “fracturas banales” por caídas. “Lo que nosotros vemos muchas veces es lo que llamamos caídas de su propia altura. Cuando una persona va caminando y se cae; eso también pasa en casa, sobre todo en los baños”, advirtió y alertó: “cuando andás por caminos accidentados estás más propenso a tener una lesión”.

La pregunta es: si me caigo, ¿cuándo debo acudir a un médico? El experto fue claro: siempre. Solorzano recomendó no medir un golpe por el dolor. Es que, a veces, si no duele, no le damos importancia; o seguimos caminando por vergüenza. “Hay personas que se caen, se levantan y siguen como si nada, porque tienen un umbral muy alto; y hay otros que tienen un umbral muy bajo. El dolor es relativo; si tuviste un traumatismo, tenés que acudir a la consulta”.